Biography




Un regalo de Polonia

Polonia ha dado algunos de los músicos y artistas más grandes de la historia. Fryderyk ChopinSu recuerdo durará para siempre, entre ellos tal vez como ninguno el de Federico Chopin, cuya música fue una de las cumbres del romanticismo. Pero este mismo país que nos dio a Chopin completó el regalo con algunos de los mejores intérpretes del siglo XX: por decir algunos, Paderewski, Rubinstein, Zimerman...y, cómo no, Witold Malcuzynski. Como Chopin, Malcuzynski estudió en el conservatorio de Varsovia, y también tuvo que exiliarse de su tierra natal. Su estilo, lleno de virtuosismo y fuerza pero a la vez de vitalidad y romanticismo, fascinó al mundo entero y le hizo ser calificado como "el último romántico del piano".


El joven Witold

Witold Malcuzynski nació en Varsovia en 1914 y pasó su infancia en la capital y en la finca que tenía su familia en el campo, en la vecina localidad de Wilno. Witold a los 10 años, con su padreEl joven Witold, además de ir a la escuela como el resto de los chavales de su edad, acudió desde temprana edad al conservatorio, donde estudiaba solfeo, armonía, historia de la música, contrapunto...y, desde luego, piano, instrumento para el que pronto comenzaría a mostrar unas aptitudes muy especiales.
A medida que pasaban los años, Witold iba sintiendo que lo suyo era la interpretación musical. Después de los estudios secundarios, su padre quería que estudiara derecho y se dedicara a la abogacía, pero, afortunadamente para el género humano, el jovencito tenía sus planes para esta vida y, aunque hizo caso a su padre y continuó sus estudios en la univerdad, su decisión estaba más que tomada. Y por si acaso no lo tenía ya bastante claro, no le pudo ocurrir mejor cosa que pasar a estudiar en el conservatorio con un profesor estupendo, Josef Turczynski, un pianista excelente que había sido alumno ni más ni menos que de Ferruccio Busoni, una de las grandes figuras del piano. Con 20 años, cuando abandonó el conservatorio de Varsovia Malcuzynski siempre agradecería a Turczynski sus clases y su ayuda; tenerlo como maestro sería fundamental, porque suponía aprender de la tradición de Busoni, que representaba a su vez las escuelas italiana y alemana. Era una visión mucho más abierta y universal de la música, y de ahí fue nuestro protagonista poco a poco aprendiendo tanto de unos como de otros, asimilando tendencias y estilos diferentes para ir creando el suyo propio. Esto es algo que se seguramente se deba hacer desde joven, y bajo el riesgo de acabar mezclándolo todo y acabar con un lio del demonio. Este no fue el caso de Witold, que tuvo el talento de saber discernir y seleccionar y que luego sería considerado como "demasiado francés para los alemanes y demasiado alemán para los franceses", tal vez porque cogió de cada uno justo lo que había que coger.


Witold abandona el conservatorio

Estamos en 1936 e Ignacy Paderewski era por aquel entonces un personaje importantísimo en Polonia; además de ser uno de los más grandes pianistas del mundo, Ignacy Jan Paderewski (1860-1941)era uno de los principales políticos del país, pues había sido primer ministro. Su labor por Polonia y su influencia internacional eran enormes, y varios presidentes de los Estados Unidos presumían de contar con su amistad. Le habían hablado del excepcional talento de un joven estudiante de Varsovia, y estaba deseando desvelar el misterio de saber cómo sería verdaderamente al teclado. El estudiante era, por supuesto, quien os imagináis, y quien había hablado así de él era, entre otros, Turczynski, su profesor. Malcuzynski siempre recordaría más tarde cómo reaccionó cuando recibió un telegrama desde Morges, donde residía Paderewski, diciendo que éste quería escucharle tocar. Cogió a toda prisa un tren para Suiza, casi se diría que se fue con lo puesto, y se presentó en casa del gran maestro, deseando demostrar sus cualidades como pianista y casi sin darse cuenta de ante quién estaba y lo que suponía ese momento. ¿Cuál sería su opinión? ¿Qué pensaría de su forma de tocar el gran Paderewski? Y, en primer lugar, ¿cómo se supone que se debe uno comportar en presencia de alguien tan importante?
Witold se sorprendería del trato que iba a recibir:

"Imaginaos, en la misma noche de mi llegada Paderewski me trató -- a mí, un pobre y oscuro estudiante -- ¡como invitado de honor! ¡Al final de la cena, levantó su copa de champán e hizo un brindis a mi salud, y se comportó hacia mí a lo largo de la velada con la deferencia debida a alguien distinguido! Paderewski era una persona excepcional: su elegancia, la gracia de su sonrisa, incluso del timbre de su voz -- todo en él fascinaba. Y el dia siguiente de esta "histórica" tarde, comenzamos a trabajar juntos"

Ni que decir tiene que Witold dejó el conservatorio y se mudó a Morges, para comenzar la que seguramente fuera la etapa más provechosa de sus años de estudio. El modo de enseñar de Paderewski era único y no tenía nada que ver, según aseguraba Malcuzynski, con la típica clase de música. Se hacía entender sin decir nada, simplemente comunicaba perfectamente lo que quería por la manera en que reaccionaba al oirte tocar, y podía decir mucho más sentándose él mismo al piano y repitiendo el pasaje estudiado que cualquier otro profesor con doscientas conferencias.


Próximamente, ¡la continuación!

Esta biografía está basada y en diversas secciones copiada del libro de R. Hauer y B. Gavoty "Malcuzynski", de la colección "Great Concert Artists", editorial Kister, Génova 1957.



Página principal